En el corazón de la provincia de Tarragona, en la comunidad autónoma de Cataluña, se encuentra un sitio de singular importancia cultural e histórica: Balma d'en Roc (Vandellòs, Baix Camp). Este enclave, ubicado específicamente en el municipio de Vandellòs i l'Hospitalet de l'Infant, ha sido reconocido como un Bien de Interés Cultural (BIC) desde el año 1985, con su declaración oficial como Zona Arqueológica. Este status legal no solo protege su integridad arquitectónica y arqueológica, sino que también lo posiciona como parte integral del Patrimonio Cultural Español.
La Balma d'en Roc se distingue por ser un ejemplo destacado de los bienes inmuebles que abarca la legislación española, según lo establecido en el artículo 334 del Código Civil. Este lugar no solo comprende estructuras físicas, sino también elementos consustanciales que forman parte esencial de su entorno histórico. Su valor reside en la capacidad de proporcionar insights significativos sobre la historia y la evolución cultural de la región a lo largo de los siglos.
El proceso de declaración como BIC implicó un meticuloso análisis de su importancia histórica y arqueológica, culminando en la inclusión de Balma d'en Roc en el Registro de Bienes de Interés Cultural con el código RI-55-0000335-00000. Este reconocimiento oficial, formalizado el 16 de octubre de 1991, ratifica su relevancia tanto a nivel local como nacional dentro del marco del patrimonio cultural español.
En términos administrativos, es crucial distinguir entre la entidad singular de Vandellos y el municipio de Vandellòs i l'Hospitalet de l'Infant. Mientras que el municipio abarca varias entidades singulares, Vandellos se destaca como una de ellas, subrayando la compleja organización administrativa que protege y gestiona este tesoro cultural.
En conclusión, Balma d'en Roc (Vandellòs, Baix Camp) representa un pilar fundamental del legado histórico y cultural de Cataluña, contribuyendo de manera significativa a la comprensión y apreciación del pasado de la región. Su estatus como Zona Arqueológica y Bien de Interés Cultural no solo garantiza su preservación física, sino que también promueve su estudio y difusión como parte invaluable del patrimonio común de la humanidad.